lunes, 13 de mayo de 2013

Visitando: Pazo de Lourizán.


Recientemente una amiga mía y yo nos escapamos una mañana al conocido Pazo de Lourizán, situado a las afueras de Pontevedra (carretera vieja de Marin). He de decir que el encanto que desprende el complejo es merecedor de mil y un cumplidos, sencillamente... me encantó.

Hablemos de historia. A pesar de su denominación como pazo se trata de un auténtico palacio que tiempo atrás estaba vinculado al político Eugenio Montero Ríos (1832-1914), el cual representa en Galicia la máxima expresión del caciquismo de la Restauración. La propiedad está situada, como os he mencionado antes, muy cerca de Pontevedra ciudad y se extiende a lo largo de 54 hectáreas entre edificios, jardines y arboledas. De sus orígenes bajomedievales solo se puede apreciar el palomar. A finales del XIX se construye la nueva planta del edificio actual, diseñado por Genaro de la Fuente. Del palacio se pueden apreciar las influencias francesas, dominado por la piedra y el cristal, de cuerpo central, con su impresionante doble escalinata  y sus dos torres flanqueando. Al terminar la Guerra Civil la Diputación Provincial adquirió la propiedad y más tarde en los 80 se traspasó a la Xunta, la cual destinó las instalaciones que rodean el palacio como sede del Centro de Investigaciones Ambientales y Forestales de Galicia.

Veo, veo. Tras la visita pude apreciar que aún no se han completado las ya mencionadas restauraciones de las que se lleva hablando desde hace un par de años. A pesar de que en conjunto el sitio es magnífico, si se mira "con lupa" es una lástima ver que el palacio central está en deterioro constante. Esperemos que aguante el tirón hasta que se pueda recuperar su aspecto pasado, lo cual sin duda alguna sería estupendo.

Cámara en mano. Obviamente, mi cámara me acompañaba así que aproveché la escapadita para sacar un par de fotos para estudiar un poco el entorno por si en futuras ocasiones la inspiración pide un escenario como este. La verdad es que aunque fue una visita rápida, quedé muy contenta con algunas de ellas. La cantidad de “verde” que rodea la estructura principal junto con la variedad de colores que ofrecen las flores cuidadosamente integradas en el decorado hacen que cualquiera de las inertes esculturas que se pasean por allí, cobren vida. La combinación de tanta vegetación con la imponente piedra, es única. El día era soleado pero aún no habíamos alcanzado la plenitud molesta que el mediodía da en ciertas ocasiones a la hora de sacar las fotos, así que la cámara no se puso caprichosa en lo que entradas de luz se refiere. Las sombras proporcionadas por los árboles actuaron como parasoles gigantes sin por ello quitarles luminosidad. En lo que a edición se refiere, me lo he pasado en grande experimentando con las fotografías pasadas a blanco y negro junto con las técnicas de HDR y el resultado ha sido bastante bueno.

Sin duda recomiendo la visita a cualquiera que ronde la zona o simplemente por aquello de hacer algo diferente ya sea solos o acompañados, por interés o por búsqueda de un lugar para relajarse. Y ya sabéis, si lleváis la cámara no dudéis en dar rienda suelta a la libertad de perspectivas, contraste de texturas, juegos de sombras y... CLICK!








Foto y texto originales de Caroline A.N.
Fuente información histórica:  varias vía páginas relacionadas








miércoles, 17 de abril de 2013

Azúcar!


Somos unos golosos, tenemos que admitirlo. Pero además de ser un capricho aquello de devorar con vista y boca todo cuanto dulce sea, hoy día es mucho más que eso: hablamos de arte.

Nuestra reacción puede que dure un par de segundos, según el efecto sorpresa nos coja o no de humor, o puede durar minutos... lo que tardemos en comernos una de estas obras culinarias. En cambio, detrás de nuestra satisfacción, hay horas e incluso días de preparación e ingenio para lograr una tarta, galleta o pastelito que no solo sepa bien sino que nos deje sin palabras. Pensar el diseño que trasmita, si serán capaces de hacer cuanto se ha dibujado en mente, elaborar la lista de ingredientes y materiales... entre otras cosas que se deben hacer hasta el momento de la puesta en escena y la crítica reacción del cliente, familiar, amigo y demás que se pretende impresionar.

De buena mano sé que requiere su tiempo, esfuerzo, pasión, dinero y mucha imaginación para llevarlos a cabo. Desde aquí os recomiendo que les deis una oportunidad, dadle un toque especial a vuestra mesa, cumpleaños, aniversario, evento o cena especial con una obra de arte en miniatura. Nunca está de más un bonito toque de dulzura!

A continuación os dejo una imagen para que os hagáis una pequeña idea de lo increíbles que pueden llegar a ser. Está en concreto es de Mis Pequeños Dulces, cuya página podréis encontrar en Facebook para contactar y hacer vuestros encargos. Por supuesto, hay  infinidad más de ellas, así que buscad la más cercana a vosotros... y disfrutad!


Texto: Caroline A. N.


martes, 30 de octubre de 2012

Habla la noche.


Entre olas huye la marea, siempre feroz y ligera. Tras la aparición estelar de la Luna en la función, los aplausos continúan en su eterno suicidio, muriendo así contra rocas su incesante poema con susurros entonado.

Entre pisadas incompletas se desvanecen los besos antaño robados, sin cargos de conciencia disfrutados. La brisa barre sin recelo los rastros de un sol que horas antes ofrecía calor sin egoísmo alguno. La noche es fría, el ambiente cálido.

Entre arenas discuten los vientos, causan estragos sin escuchar tan siquiera de estas sus lamentos. Bailan a destiempo, rozando cuanto se cruza en su camino, sin rumbo fijo pero destino asignado.

Entre caídas en picado se imponen en hermosa alza atrevidos acantilados, vigilan la playa y tiñen de verde una costa en la que barcos de tiempos lejanos su final vieron encallado.

Entre sombras no siempre inocentes, se apaga el color de un bosque a diario respirado. De su vida conviven seres aprovechados, las gracias no siempre le son dadas. Desbordando belleza extrema su fauna y flora firman una turbulenta estampa, para amantes ajenos... inigualable cuadro, por una noche ignorado.





Foto y texto originales de Caroline A.N.





jueves, 4 de octubre de 2012

Inestables.



Una mirada bastó para que me hiciera una idea de lo que había pasado. Con las manos aun llenas de sangre, sus lágrimas aun correteando mejillas abajo y los nervios jugándole una mala pasada impidiéndole hablar con coherencia... me contó como había llegado a esos extremos.

Desde que el verano pasado nos habíamos conocido en la fiesta de mi prima, había encontrado en él alguien en quien confiar, con quien huir de las discusiones que a menudo se repetían con mi pareja y una persona con la que contar para pasear largas tardes por la alameda de mi ciudad. Jonathan era así, receptivo sea cual fuese el momento del día y disponible el resto del tiempo. Sin embargo, a la inversa era totalmente diferente. No lograba sonsacarle nada sobre lo que en su cabeza se paseaba.

La semana anterior, un sábado por la tarde más concretamente, me había entrado el antojo de ir de tiendas al nuevo centro comercial que acababa de abrir. La tarde fue muy amena y tras rogar durante horas, Jonathan accedió a reunirse conmigo. Mientras le esperaba delante de una tentadora pastelería, cargada de bolsas y con los pies palpitando como si tuviesen vida propia... me encontré con una antigua compañera del instituto. Charlamos un rato, lo cual agradecí visto que cierta persona tardaba más de la cuenta en llegar, hasta que finalmente anunciaron por megafonía el cierre del centro.

Salíamos por la puerta principal justo cuando apareció Jonathan. Hice las presentaciones correspondientes y para cuando me di cuenta, yo era ajena a una conversación que mantenían los dos sobre películas. Solté la mentira piadosa del día al decirle a mi amiga Lena que Jonathan vivía cerca de su calle y como ya era tarde, era conveniente que la acompañase. Ambos se despidieron de mi y fue en ese momento cuando me imaginé a mi misma con unas alas de lo más encantadoras y un arco en mano cargado, estaba claro que el cansancio empezaba a hacer acto de presencia.

Pasaron los días y los tres pasábamos tarde tras tarde recorriendo la ciudad sin nunca llevar rumbo fijo. Las chispas entre ellos saltaban candentes de un lado a otro, por lo cual decidí dejarles espacio aquellas horas que quedaban para el anochecer y fingí un tremendo dolor de cabeza para poder escaparme sutilmente.

Y a la mañana siguiente, fue cuando Jonathan se presentó en mi casa teñido de rojo.

Aun no comprendía muy bien si aquello se trataba de una broma o si tenía que preocuparme seriamente... o tal vez era el momento de gritar a lo película de terror de alto presupuesto. Simplemente, me quedé callada y noté como mi cuerpo poco a poco se enfriaba. Desde fuera me hubiese visto más blanca que la pared que nos rodeaba en aquellos momentos.

Jonathan se dejó caer en un rincón, recogió sus rodillas y enterró la cabeza en ellas. Yo seguía sin reaccionar. No podía hacer nada que no fuese mirar sus rojizas manos e imaginarme lo peor o quizás, esperarme lo mejor dentro de lo que cabía.

No sabría decir si pasaron minutos u horas, pero Jonathan por fin habló claramente pero ausente de cordura.

Tras mi escapada, él y Lena habían proseguido su paseo hasta completar el recorrido de la muralla que rodeaba el casco antiguo. La marcha era lenta, la brisa lo justo para no enfriarse y la tensión entre ambos adornaba la escena de una manera torpe y cómica. Cuando por fin se sentaron en un banco del parque cerca de la casa de ella, empezó algo que Jonathan hubiese querido evitar a toda consta. Lena le contó experiencias pasadas, roturas, problemas personales con su padre y un sinfín de cosas que le habían sucedido con el paso de los años. Cuando le llegó su turno a él, se negó rotundamente alegando que no quería amargarle la noche y Lena, para su desgracia, insistió. Tras largos silencios incómodos aliñados de discusiones acerca de la carencia de confianza que él mostraba, le relató lo que jamás le había contado a nadie, un pasado manchado de maltratos, abusos, centros de menores y robos por doquier. Y fue en ese momento cuando vio el miedo en sus verdes ojos, fue en ese instante cuando una vez más... la lástima que asomó en su cara despertó la rabia que tanto tiempo llevaba dormida. Tras gritarle y desagradecerle su compasión, se levantó y puso rumbo a su casa. Lena, sin saber como reaccionar, tardó unos segundos antes de echar a correr detrás de él. 

A penas habían llegado a la puerta de la muralla cuando la discusión estaba en su más alto auge y los insultos ya eran parte del vocabulario frase a frase. Y poco después, el tiempo se aceleró raudo y veloz sin dejarle tiempo a las piedras que observaban tras siglos sin aventuras, a entender la escena que se presenciaba. 

Un golpe tras otro. Un grito acompañaba el siguiente. Un guijarro del tamaño de un puño, sin soltarse de la mano que lo aferraba, se hundía en un cráneo. Y acto seguido, un cuerpo se alejaba del otro corriendo como alma huye al diablo.

Mi corazón latía lento por momentos, y por otros... sencillamente moría. Me senté junto a él y apoyé en su hombro. Todo va a salir bien, era lo único que repetí durante las horas que sucedieron.

Y ahí esta él, tras los barrotes de la justicia. Y aquí estoy yo, tras las paredes acolchadas de mi habitación, deseando salir para poder gritarle al mundo que no era tímido, sino un niño traumatizado encerrado en un cuerpo de un hombre... y yo ya no soy persona, sino un cuerpo inerte encerrado en uno que pasea de un lado a otro en mi vigilado jardín, tras similares pero no iguales rejas.


Foto y texto originales de Caroline A.N.





 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Juego de miradas.




Desde el huracán a la más serena calma. Mensajes sin palabras, sonrisas tímidas que aun no están listas para asomarse al mundo. En ocasiones a oscuras, otras llenas de luz. Algunas perdonan, otras guardan rencor hasta la saciedad. 

Unas se buscan entre sí, y otras se evitan.  Están las que destilan necesidad, o las que desbordan indiferencia.  Se pasean las que carecen de autoestima, y las que transmiten energía por doquier. Nos topamos con algunas que nos enamoran, o en ocasiones... tropezamos con las que nos hacen emanar poco más que odio. Buscamos en las ajenas, aquello que nos falta para seguir adelante. 

Azules, castañas, verdes, negras, pardas... pintan rostros y decoran risas. Ceñidas, intensas, intrigantes, alegres... adornan palabras y silencios. La variedad es inmensa, la finalidad similar. Las miradas miles, la belleza de las mismas... sin límites.

  



Foto y texto originales de Caroline A.N.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Supervivencia.



Que inocente parecía la mirada de los más pequeños, pero todos sabíamos que en un par de años todo cambiaría. Se convertiría, al igual que sus semejantes, en una auténtica máquina de matar. Habíamos matado algunos de ellos, por hambre o bien por tratar de defender nuestro hogar...y ellos ahora, a mi madre. En ese momento no era más que un pobre ser abandonado a mi suerte ante aquellas bestias que solo querían acabar con mi vida, saciar su sed de querer ser el mejor del grupo....pero no me rendiría tan facilmente, aproveché que se habían distraído con un ruido no muy lejano, y me escapé. Corrí cuanto mis extremidades me lo permitieron, a pesar del hambre que acechaba cada rincón de mi estómago. Pero la rabia que sentía en mi interior por aquellas fieras amainaba todo cuanto sucedía en mi cuerpo y lo sustituía por un mar de venganza en el que el viento empezaba a soplar salvajemente... Me detuve en un claro, me escondí entre la hierba y esperé. Al cabo de un rato oí pasos, y los vi pasar. Si. Los vi pasar por mi lado, con su rara forma de andar sobre dos patas, el cuerpo desnudo y sin pelo... humanos. Bestias y fieras que mataban a los míos por placer. Y yo, huérfano y abandonado a mi suerte con apenas unas lunas de vida... sin ánimos de sobrevivir en la intemperie de mi tierra.




Foto y texto originales de Caroline A.N.