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sábado, 15 de septiembre de 2012

Suspiros para desayunar

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Me levanté como cualquier otra mañana para desayunar y marchar al colegio. Mamá estaba sentada removiendo un café que ya debía de estar más mareado que la abuela cuando sube a la noria. Mi desayuno estaba ya listo, me disponía a untar mis tostadas, cuando mi madre suspiró. Al principio no le hice mucho caso, ya sabemos todos como son los adultos, siempre con pajarillos en la cabeza, pero cuando empecé a untar la mantequilla y el único ruido era el ir y venir de mi cuchillo en el pan, mi madre suspiró de nuevo. La curiosidad pudo conmigo en esta ocasión, y le pregunté el porqué de tanto suspirar: 

- ¿Porque suspiras, mamá? 

Mi madre alzó la cabeza ligeramente y me miró con cara cansada. Fue en ese momento cuando reparé en las ojeras que decoraban su cariñoso rostro, en la sutil forma con la que recolocaba una y otra vez su camisón con tal de ocultarme las magulladuras que su piel delataban. Suspiró una vez más antes de contestar a mi pregunta: 

- Mi niña, las personas suspiran por muchas cosas: por un largo día de trabajo, por pensar en momentos felices que pertenecen al pasado, por cansancio… por ver cómo crecen nuestras criaturillas… por echar de menos a alguien, por anhelo… hay muchos motivos para suspirar. 

La explicación de mi madre sin duda tenia lógica, pero a veces creo que no se da cuenta de que tengo un par de ojos que todo lo ven, y unas orejas rosadas que todo lo oyen, además de una inocente mentalidad que casi todo lo entiende, a mi manera claro. Tras comerme mis tostadas sumergida en mis pensamientos, me levanté de la silla y abracé a mi madre, luego suspiré de manera prolongada y acentuada. Mi madre me miró con cara extrañada y sin comprender me preguntó: 

- Y tú cielo, ¿por qué suspiras?

- Mamá, tu suspiras porque dices que hay muchas razones para suspirar, pues yo ahora también he comprendido que cuando una está cansada de ver como su padre levanta la mano a su madre se mezclan todas las causas que me has enumerado: un largo día en el colegio, echas de menos aquellos momentos en los que éramos una familia unida, estoy cansada de que olvidéis que os veo discutir día y noche, voy creciendo en un mundo de amenazas y silencio, echo de menos a mi papá de antes, el que era siempre cariñoso… ¿te parecen suficientes mis razones para suspirar? 

La cara que se le quedó mi madre es muy difícil de describir, supongo que se puso a pensar en que ya no era una niña, o quizás en que a pesar de que ella hubiese preferido disimular todo lo que estaba sucediendo, yo me había dado cuenta de todo.

Solo ella sabe lo que se le cruzó por la mente. Yo solo puedo decir que unas lágrimas le cayeron mejilla abajo y murieron en la mesa. Y después sencillamente… me abrazó murmurando que sentía mucho guardar silencio y que nunca se le hubiera ocurrido pensar que yo era un personaje más de su drama, o más bien, una víctima más de los malos tratos que mi madre llevaba sufriendo desde meses atrás…






 Foto y texto originales de  Caroline A.N.
Nota: El texto precedente no pretende en ningún momento ser autobiográfico.

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